• Por Agarf Alecnac. (Cuento). (2022)

    «Me abro a la vida (Y al cajón de madera

    Por tantos años, tantos, he pasado mi vida aquí encerrado, en esta prisión enmascarada. ¡Ya no más!

    Mías son las máscaras, las fachadas y el misterio; cualidades que alguien me dijo una vez, que no debía perderlas nunca jamás… ¿Y las cadenas? Las cadenas son también mías.

    Yo soy el preso y soy el carcelero, juzgado por crímenes que ni siquiera eran crímenes, pero he igual sufrido la condena, la pena, el destierro.

    ¡Ya no más! Es hora de pararme en lo alto y gritar con todas mis fuerzas hasta quedar disfónico. ¡Basta! ¡Ya ha sido suficiente! ¡Ya no más!

    Al reverendo carajo con las cadenas. Ya no pienso cargarlas más. No las sostendré un día más. Tengo las llaves y tengo toda la intención de usarlas, y así escaparme de aquí.

    Mañana saldré de aquí. ¡Es más! En verdad, ya he salido.

    Aquí trazo la línea que divide entre lo que he sido y lo que seré. Aquí tomo las riendas de mi destino, y a quien no le guste, quien esté en desacuerdo, a él, le elevo mi dedo mayor. Las cosas ya están cambiando. C8H16O2. Quien no pueda aceptarlo, fuera de mi camino.

    Tengo una sola oportunidad de vivir, y quiero aprovecharla. Tengo suerte, al fin he tenido suerte. He de honrar mi suerte. Tengo tantas ganas de vivir. No de sobrevivir, de vivir.

    Recuerdo un póster en la pared en lo de Sergio, cuando yo era niño. Era una imagen de «El pibe» de Chaplin, con una leyenda inscripta: «La vida es maravillosa si no se le tiene miedo.» Linda frase, pero está equivocada. La vida también puede ser maravillosa si se le tiene miedo.

    Me abro a lo maravilloso de vivir, a lo maravilloso del viento soplando en mi cara, sentado en la rambla mirando al mar al atardecer. Me abro a lo maravilloso de caminar tomado de la mano de una chiquilina por el Parque Rodó, mirarla a los ojos y besarla apasionadamente. Y que nada, nada más en el mundo importe.

    Me abro a lo maravilloso de andar en bicicleta bajo la lluvia en un día de verano. A comer helado, a ir de campamento, a descubrir y aprender cosas nuevas cada día ¡Ay, cómo me gusta aprender cosas! Me abro a lo maravilloso de escribir, jugar, actuar, cantar, danzar, amar, reír, llorar, de ser, y de hacer… y a mucho más.

    Me abro a lo maravilloso de tener una hermosa familia y unos geniales amigos que me adoran y cuidan.

    Y me abro también a permitirme vivir, y permitirme verme a los ojos en el espejo, y aceptar que esto no es un error, no es un fraude. La tormenta ha pasado, y sigo con vida. No soy un fraude, sobreviví, y ahora voy a poder vivir, ahora empiezo una nueva etapa. Lo merezco.

    Varias veces zafé, no voy a esperar a la próxima. Voy a vivir, ¡Vivir! No a sobrevivir. Es hora. Y también, ¡Por favor! No he de olvidarme de reír.

    Y bueno, que sea lo que sea que sea. ¿Total? Antes o después, voy a terminar enterrado en un cajón de madera, bajo tierra… Como todos…

    Agarf Alecnac.


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  • Por Agarf Alecnac. (Cuento) (2019)

    «El cura»

    Estaba el Padre Carlos, el domingo por la mañana caminando por la feria, antes de la misa. Había ido a comprar verduras para la semana, ya que él estaba intentando hacer una dieta. Con tan solo el rezar no alcanzaba.

    Compró tomates, lechuga y cebollas para una ensalada, zapallo para un puré y unos filetes de merluza para hacer a la marinada.

    Llegó al puesto de los lácteos, atendido por Rodolfo, mejor conocido como: «El quesero». Rodolfo y el padre Carlos compartían tres grandes aficiones: los quesos, el cine, y el vino.

    Cada domingo el Padre Carlos pasaba más por el puesto de Rodolfo para charlar que cine que para realmente comprarle algo.

    Esta vez, el Padre Carlos estaba muy molesto y agitado.

    - ¿Cómo le va? Padre - Saludó Rodolfo.
    
    - ¡Vas a arder en el infierno!
    
    - ¿Pero por qué se me pone así?
    
    - ¡Vi la película esa! La del David Lynch, ese... ¡No entendí nada! ¡Nada! ¡No tiene sentido!

    El Padre Carlos se veía muy molesto, y Rodolfo no sabía cómo reaccionar. Le entregó un trozo de gruyere clavado en la cuchilla para que probara.

    - ¿Sabes lo qué podes hacer con esa cuchilla? ¿No?
    
    - Perdóneme Padre - Dice intentando apaciguar las aguas. - No fue mi intención recomendarle una película que no le iba a gustar... Puedo recomendarle, si quiere, otra, más afín a sus gustos...
    
    - ¡No! ¡Vos no me recomiendes más nada! Dame medio kilo de dulce de leche, y medio kilo de semiduro, ¡Sin sal!
    
    - Bueno, bueno. Ya le entrego.
    
    - Dale, apurate, que estoy apurado.

    Rápido Rodolfo preparó el pedido, y le agregó un paquetito de maní sin sal en la bolsa, sin decirle nada, regalo de la casa. Quizá más tarde, al encontrarlo, Carlos se sintiera menos molesto.

    - Bueno, aquí tiene Padre. No se me ofenda por favor. Se lo ruego. Usted es mi cliente preferido.
    - Seguro, seguro... Eso se lo dirás a cualquiera - Dice Carlos con un tono de desprecio. - ¿Cuánto te debo?
    - Para usted son doscientos pesos.
    - Bueno, perfecto... que dios te lo pague. - Dijo el Padre Carlos dándose media vuelta y yéndose.

    Rodolfo, abrumado por la situación se echó un poco de vino y lima-limón en su vaso de plástico. Quedó muy amargado.

    Unos diez minutos después, no mucho más, aparece el Padre Carlos con una sonrisa de oreja a oreja y le extiende a Rodolfo un billete de doscientos pesos.

    - ¡Da...! ¡No te calentes Rodolfo que te estaba gastando! Vi la película, estuvo buena... rara, pero buena. Me gustó.
    - ¡Ay Carlos! ¡No sabe lo amargo que me dejó!
    - Y bueno, la vida hay que tomársela para reírse, sino uno se aburre mucho en la iglesia.

    Ágarf Alecnac.


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  • Por Agarf Alecnac. (2019)

    Confieso que el miedo y los nervios aprietan el nudo en mi garganta y tengo el culo fruncido, sintiéndome ahogado, aún así, no importa.

    Son mi deseo y mi determinación salir allí afuera, a escena, y darlo todo, dejar todo lo que tengo, y lo que no.

    Repaso mentalmente y rápido mis escenas. Temeroso, antes de entrar, fisgoneo como un espía desde detrás de «patas» al escenario, al público en sus butacas. Me siento embriagado por un no-se-qué-sentimiento que fluye por mis venas y emana por los poros de mi piel, erizándome, mientras hago un gran esfuerzo por concentrarme en el personaje. En el aquí y en el ahora. En la predisposición y la disposición. Yo ya no soy yo, soy él, el personaje.

    Hago fuerza para evitar sonreír de la emoción que todo esto me produce. Todo esto me hace muy feliz. Miro a mi compañera, hondo en sus ojos. Está mirando un punto fijo intentando concentrarse y contener sus nervios. Me distraje, vuelvo a trabajar en concentrarme.

    La ilusión que me produce todo esto del teatro, desearía poder retener ese instante por la eternidad, congelado en el tiempo, y que no se termine jamás, que no se me escape como sostener agua entre los dedos. Pero el teatro siempre es presente, y viene, y se va. Como la vida misma.

    ¿Cuántas vidas hemos vivido? ¿Cuántos seres diferentes hemos sido? ¿Cuántas risas y cuántas lágrimas hemos compartido?

    Añoro tanto ese momento, en el que público ya está en sala, se apagan las luces, y tan solo se oye un profundo silencio, que venimos nosotros, los actores, las actrices a quebrar en escena, para dejar el alma ahí, en el escenario.

    Luego nos pasaremos unos días sumergidos en un profundo agotamiento, (quizá incluso, con depresión post-teatro), al haber sido abandonados por el huésped que por un largo tiempo estuvimos alojando dentro de nuestra piel, en nuestra alma. Y su partida, deja una enorme euforia, y un vacío, siempre.

    Ser actor, tiene algo de místico y espirituoso. Ser actor es abrirse a la búsqueda de lo desconocido, a explorar lo más profundo de nuestra psique, y a compartir una intimidad entre colegas que pocas personas conocen en otras profesiones. Ser actor es nacer y morir mil veces. Como dijo Diana, es la posibilidad de vivir mil vidas, en una sola.

    Y la verdad, que el actuar, es mi mayor serendipia, y uno de los mayores placeres de la vida. Nadie imagina cuántas otras cosas sacrificaría por esto.

    Agarf Alecnac.

  • Por Agarf Alecnac. (2019).

    Escribo desde hace mucho tiempo, y el recuerdo es vago. Antes de aprender a escribir, ya inventaba historias. Y si bien no tengo claro el por qué escribo, si tengo claro cuándo es que escribo.

    Vivo mi vida cotidiana, completamente ajeno a tener cualquier pretensión de escribir. A lo largo de los días voy pensando cosas, imaginando situaciones, diálogos y afines. Pero no porque esté buscando algo para escribir, no porque esté buscando el acto de escribir, simplemente me sucede, mi mente funciona así de fábrica.

    Y de pronto, un día cualquiera, casi como cualquier otro, sin nada en particular especial, empiezo de pronto a sentir en la mano una sensación, un cosquilleo en la piel, y un temblor, como el «mono» de una abstinencia; que me lleva a necesitar tomar algunas hojas de papel, una lapicera, y empezar a escribir.

    Las palabras fluyen como el agua expulsada violentamente de un caño roto, (como esos que se puede cruzar uno de tanto en tanto al ir caminando por la calle). Las palabras son sucedidas por palabras y éstas por más palabras aún. Así se suceden las unas a las otras: frases, oraciones, párrafos, páginas, y páginas, y más páginas.

    Y entonces cuando el agua termina de brotar, cuando deja de salir, cuando terminó el impulso por escribir, me quedo mirando lo que hice, lo que escribí. Y me pregunto, ¿Todo eso salió de mí? ¿Todo eso estaba dentro de mí?

    Así que en sí, llevo buena parte de mi vida reflexionando acerca de por qué es que escribo, ¿Por qué me nace esto que nunca elegí? No lo sé, y probablemente esa respuesta no la sepa nunca jamás. Nunca elegí esto, debía venir yo cableado así de fábrica. Pero bueno, así es la cosa, así que…

    Agarf Alecnac.

  • Por Agarf Alecnac (Cuento)

    «El faro»

    Corrí tan pero tan lejos, queriendo escaparme, pero seguiste a mi lado.

    Ir y volver, e ir y volver, e ir y volver. Me he pasado la vida entera ciclando, hasta que despegué y volé tan alto que para bajarme se precisaron ocho carbonos, dieciséis hidrógenos y dos oxígenos. Y tiempo, un buen tiempo.

    Es como estar caminando sobre la cubierta de un barco en una noche con el mar picado, todo se tambalea. Pero allí a lo lejos, se vislumbra un faro.

    La tan ansiada, nivelada, estable paz que por tantos, tantos años he estado buscando, parece estar allí, a la vuelta de la esquina, en tierra firme.

    Recuerdo que dijiste una vez que necesitabas que dejara de pasarme la vida volando por las nubes, o sumergido en la profundidad del mar. Bueno, ahí voy.

    Agarf Alecnac.


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  • Por Agarf Alecnac. (Cuento)

    «Gracias por los buenos tiempos»

    Te vi en el teatro, actuando en escena. Estuviste genial. Oír tu voz fue lo que más me impacto, me trasladó a un pasado lejano en el que fui muy feliz.

    En aquel entonces, yo te amaba, nos amábamos. Mientras duramos, fuimos una historia muy bella.

    ¡Cuántos recuerdos! ¡Cuántas bellas imágenes conservo de todos los momentos vividos juntos! Siempre llevaré nuestras memorias alojadas en mi corazón.

    Y ahí estaba yo, en estos tiempos del presente, viéndote actuar en el escenario, y oyendo el sonido de tu voz. Una sensación, un cosquilleo me recorrió la piel y me transportó al pasado. Cuando terminó la función, aplaudí con fuerza, la obra estuvo genial.

    Cuando salí afuera a saludar al elenco, estaba yo re contra maquinado con que te incomodaría volver a verme, y que probablemente me odiases (el pensamiento catastrófico, mis viajes y todas esas cosas, ¿Viste?)

    Cuando te saludé, te agarré por sorpresa, y me paralicé de miedo, entré en pánico y me inmovilicé con tu reacción. No podía ni siquiera mirarte, menos podía hablarte.

    Y me deja un gusto amargo eso, porque quisiera. No, me encantaría que supieras lo importante que te considero en mi biografía. Al final me comporté maleducadamente (Por más que me haya paralizado el cagazo que tenía, te ignoré). Y me gustaría que supieras cómo te veo en verdad.

    Transformaste mi vida. Tu amor me hizo querer salir adelante en una época dura de mi vida, llena de tormentas, y empecé a trabajar duro en eso, y empecé a recorrer el recorrido que vengo ya unos años recorriendo.

    Nos separamos, el amor se terminó. Elaboré y concluí un proceso de duelo. Pero siempre voy a sentir cariño por vos. Siempre voy a alegrarme con las cosas lindas que te van pasando en la vida de las que me voy enterando, y me hace sentir orgulloso y feliz ver que te está yendo bien.

    Hace años ya que no siento dolor por nuestra ruptura. Era lo que tenía que eventualmente suceder. Funcionamos de maravilla un tiempo, muy intenso, pero supongo que al final éramos muy diferentes. Tampoco sigo sintiendo el amor que sentía, pero sí el aprecio a la persona que fuiste para mí.

    Sin lugar a dudas, siempre serás una persona importante para mí, y a dónde quiera que yo vaya, una parte de vos existe en mí. Tu amor me transformó un montón, y para bien.

    Gracias por los lindos momentos compartidos, gracias por los lindos recuerdos. Gracias por motivarme a pelear para salir adelante y ser la mejor versión de mí mismo que pueda (Esto es un proyecto en progreso). Gracias por la paciencia que me tuviste en mis días grises, y en mis días negros y lúgubres. Gracias por haber sido parte de mi historia. Eras genial y no tengo dudas de que lo seguís siendo.

    Y si me queda algo por decir, es que ojalá pudieras ver mi sonrisa ahora. Vos sabrías a qué me refiero.

    P.S.: Como me decías vos… Que lindo vivirlo para poderlo contar.

    Agarf Alecnac.


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  • Por Agarf Alecnac (Blog)

    «Sobre mí: ¿Quién soy? El binomio Santi – Agarf»

    ¡Hola! Mi nombre es Agarf Alecnac. En realidad no, mi nombre es Santiago Cancela Fraga (¡Si lees «Cancela Fraga» de derecha a izquierda verás un truco flipante! ¡Tío!) pero Agarf Alecnac es el pseudónimo que elegí usar para lanzarme al mundo en una de las cosas que más me apasionan en la vida: La escritura.

    Hay algo incidental en el hecho de que «Agarf Alecnac» sea «Cancela Fraga» al revés. Es para mí un poco más que un simple nombre para firmar. Como con un espejo, que le da vuelta a la imagen que vemos, Agarf Alecnac espeja un poco a Santiago, invirtiéndole.

    Santiago es una persona súper tímida (Seguiré hablando de mí en tercera persona a efectos prácticos), desde siempre lo ha sido. Es la persona que cuando la invitan a una fiesta y no conoce a nadie, se queda cerca de una pared, con un trago en la mano y solo interactúa con desconocidos cuando le hablan.

    Agarf Alecnac por el contrario, espeja, invierte eso. Tiene que ser así, de lo contrario seguiría Santiago sin jamás poder publicar sus textos e intentar vivir de lo que ama tanto hacer, desde hace tanto tiempo, porque justo le tocó ser híper-mega-ultra introvertido.

    Yo, Santiago nací allá por 1995 en Montevideo, Uruguay. (Vuelvo a escribir en primera persona). Estoy a un par de años de culminar mi tercer década de vida, y recién ahora me animé a crear perfiles en redes sociales y un sitio web para mostrar una faceta de mi vida que estuvo muy presente desde siempre, o hasta donde llegan mis recuerdos por lo menos.

    El primer cuento que escribí fue «Una tragedia y una suerte» a mis siete años, en el 2002, con unos dibujos que hizo mi niñera. Tengo un recuerdo previo en Jardinera (año 2000) de que teníamos como tarea domiciliaria que inventar un cuento, y yo se lo dictaba a mi madre porque si bien ya estaba aprendiendo a escribir, aún no se me daba muy bien.

    También hay en casa un cassette boyando por ahí que dice «Santiago» en el rótulo. Me grababan mucho hablando cuando era niño. Un día mi maestro de primer año de escuela, Pedro, le pidió a mis padres un cassette para grabarme contando historias, porque estaba fascinado con mi habilidad. En la grabación se oye como les contaba a él y a la clase la historia de cómo tenía un circo en mi casa, con animales y todo, que íbamos a comprar a otros países esos animales con mi padre y los traíamos en una avioneta que obvio; la pilotaba mi padre. A mí hoy me sorprende la habilidad de responder a las preguntas que me hacían mis compañeros o el maestro, con qué velocidad estaba inventando una historia, como se dice en inglés «on-the-fly». (Ej: El maestro me preguntó cómo hacíamos para traer elefantes en la avioneta, que son muy pesados, y le contesté que para esos casos usábamos un Boeing 747) 😎😎😎

    Cuando era niño, mi divertimento con nueve, diez, once años, era pasarme seis horas al día en la computadora frente a archivos de Word escribiendo cuentos y cuentos. Y medio que sobre la marcha fui aprendiendo, al ir haciendo.

    Y cuento esto para establecer un marco de referencia. Tengo al día de hoy, 27 años, 9 meses, y 1 día, y fue la pasada madrugada en un acto muy impulsivo, que contraté un año entero de WordPress para crearme un sitio web y lanzarme a mostrar al mundo las cosas que escribo.

    Soy muy tímido, soy muy introvertido, sí. Pero yo soy muchos, no soy uno solo. Escribo, compongo música, soy tímido, soy actor, ¡Soy una incongruencia con patas! Crear a Agarf Alecnac, es para mí, no simplemente el acto de inventarme un pseudónimo para el anonimato (No pretendo mucho el anonimato tampoco si dije mi nombre y ambos apellidos ¿No?).

    No, crear a Agarf Alecnac, para mí, lo siento más como cuando como actor interpreto a un personaje, pero en vez de en escena, en el mundo-fuera-del-escenario. Dejo por un momento de ser Santiago, y me convierto en Agarf Alecnac, él no tiene problemas en mostrar sus escritos al mundo, y Santiago toma la distancia suficiente para superar la ansiedad.

    Estoy bastante seguro de que luego de Agarf Alecnac vendrán también otros personajes/alter egos. Tengo nombres e ideas rondando mi mente, por ejemplo Leonardo Buchanan para explotar mi lado súper nerd.

    Diferentes alter egos para diferentes facetas de mi vida, y conservo mi nombre legal, para mi vida privada. Se trata de separar las diferentes dimensiones de la vida, supongo. Tengo toda una tesis con respecto al uso de alter egos, identidades, etcétera que algún día quiero desarrollar… Perdón, perdón… Me fui por las ramas.

    En realidad, he de ser honesto, todo esto es un experimento. Capaz que me estás leyendo y decís «¡Qué profundidad! ¡Qué buenos argumentos! ¡Lo tiene re claro!» Pero en realidad no tengo muy claro ni lo que estoy diciendo, ni tampoco lo que estoy haciendo con este proyecto. Sí sé que voy a experimentar (Porque de eso se trata un poco la vida). E ir viendo cómo se desarrolla la cosa… ¡Cómo la vida misma!

    Nos mantenemos en contacto.

    Muchas gracias por leerme.

    Santiago Cancela Fraga. (Solo por esta vez).

    Agarf Alecnac.



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  • Por Agarf Alecnac. (Cuento)


    «Rutina matutina»

    Hay rutinas de las que uno no logra desprenderse, no logra mejorarlas. Desperté, miré el reloj, llegaba tarde.

    Me levanté de un salto, metí café y leche en una taza, minuto y medio de micro.

    Llené de agua la caldera y prendí el fuego mientras ponía yerba en el mate.

    Cuando el agua hirvió, llené de agua el termo con una mano mientras con la otra bebía mi taza de café con leche.

    Pongo un poco de agua para hinchar el mate. Termino la taza y la lavo rápido. A las corridas voy a mi cuarto para guardar rápido mis cuadernos en la mochila.

    Salgo a la terraza con el mate y la bombilla en una mano, el termo en la otra.

    Echo otro poco de agua para hinchar, clavo la bombilla y cebo. Este es el del pai. Vuelo al baño y me lavo los dientes.

    En la terraza, prendo un cigarrillo. El médico lo desaconsejó, pero es parte de mi desayuno ¡¿Qué se le va a hacer?!

    Así me tomo el primer par de mates. Luego lo guardo en la mochila y estoy listo.

    Agarro la bici y salgo de casa, prendo otro pucho y arranco, voy a llegar a clase sobre la hora, si no pedaleo rápido.

    Rutinas…

    Agarf Alecnac.


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  • Por Agarf Alecnac (Blog)

    ¡Hoy es un gran día! ¡Ahí voy!

    Hoy es un gran día, hoy me lanzo al mundo creando un blog bonito para compartir lo que escribo. Después de años de mostrar tímidamente las cosas que hacía, a familiares y amigos (siempre con mucha vergüenza y sospechando de que sus halagos tenían más que ver con que me querían, que con la verdadera calidad de mis textos).

    En fin, la vida pasa, el tiempo pasa, y en ese tiempo suceden cosas. Y entonces uno se encuentra una madrugada haciendo un pago con una tarjeta de crédito contratando un año de WordPress para crear un blog, bajo los efectos de su nueva determinación de que quiere vivir de la escritura, hacer de ésta su profesión. Uno se crea redes sociales y se crea un alter ego (No, Agarf Alecnac no es mi nombre legal, sigo siendo súper tímido). Y aquí estoy, escribiendo la primera entrada, una presentación, ¡Estoy muy emocionado!

    No tengo muy claro cómo será este año que tengo por delante, y no vislumbro cómo es que se desarrollará el futuro próximo. Sí estoy seguro que voy a divertirme y pasarme un muy buen rato descubriéndolo. Me encanta vivir, no me caben dudas.

    Como dije un par de párrafos atrás, escribir, y lograr hacer de esta pasión mi profesión es una determinación. Quiero confesar un pequeño secreto. Yo nunca quise realmente ser escritor. Nunca quise escribir. Quiero decir: Nunca me sucedió de ser de esas personas que se despiertan y dicen «¡Ah! ¡Ya sé! ¡Quiero ser escritor!»

    Empecé a escribir cuando aprendí a escribir, y ya estaba «escribiendo» historias desde antes. La escritura siempre ha estado conmigo, desde que tengo memoria… está ahí. No sé por qué, y no me importa más ya el descubrirlo.

    Lo que quiero decir con esto (o al menos eso estoy intentando) es que no soy de los que eligieron ser escritor porque les parecía una linda profesión. Es como si viniera de fábrica. En realidad me habría gustado más haber querido ser ingeniero en computación y ganar un MUY buen salario. Pero la escritura corre por mi sangre. Es una necesidad biológica para mí, que, en cuya ausencia probablemente moriría tras unos pocos días.

    Así que lo que tengo garantizado, además de mi determinación a rendirme arrodillado frente a mi impulso escritoril (Sí, a veces me invento palabras. Sí, me encanta crear palabras), es que garantizado está que será un viaje emotivo, desde la pasión, desde mis entrañas, desde lo hondo de mi ser, con toda mi mente y mi cuerpo comprometidos en esta misión.

    Uno… dos… tres… ¡Geróooooonimoooooooo!

    Agarf Alecnac.


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