Por Agarf Alecnac. (2019)
Confieso que el miedo y los nervios aprietan el nudo en mi garganta y tengo el culo fruncido, sintiéndome ahogado, aún así, no importa.
Son mi deseo y mi determinación salir allí afuera, a escena, y darlo todo, dejar todo lo que tengo, y lo que no.
Repaso mentalmente y rápido mis escenas. Temeroso, antes de entrar, fisgoneo como un espía desde detrás de «patas» al escenario, al público en sus butacas. Me siento embriagado por un no-se-qué-sentimiento que fluye por mis venas y emana por los poros de mi piel, erizándome, mientras hago un gran esfuerzo por concentrarme en el personaje. En el aquí y en el ahora. En la predisposición y la disposición. Yo ya no soy yo, soy él, el personaje.
Hago fuerza para evitar sonreír de la emoción que todo esto me produce. Todo esto me hace muy feliz. Miro a mi compañera, hondo en sus ojos. Está mirando un punto fijo intentando concentrarse y contener sus nervios. Me distraje, vuelvo a trabajar en concentrarme.
La ilusión que me produce todo esto del teatro, desearía poder retener ese instante por la eternidad, congelado en el tiempo, y que no se termine jamás, que no se me escape como sostener agua entre los dedos. Pero el teatro siempre es presente, y viene, y se va. Como la vida misma.
¿Cuántas vidas hemos vivido? ¿Cuántos seres diferentes hemos sido? ¿Cuántas risas y cuántas lágrimas hemos compartido?
Añoro tanto ese momento, en el que público ya está en sala, se apagan las luces, y tan solo se oye un profundo silencio, que venimos nosotros, los actores, las actrices a quebrar en escena, para dejar el alma ahí, en el escenario.
Luego nos pasaremos unos días sumergidos en un profundo agotamiento, (quizá incluso, con depresión post-teatro), al haber sido abandonados por el huésped que por un largo tiempo estuvimos alojando dentro de nuestra piel, en nuestra alma. Y su partida, deja una enorme euforia, y un vacío, siempre.
Ser actor, tiene algo de místico y espirituoso. Ser actor es abrirse a la búsqueda de lo desconocido, a explorar lo más profundo de nuestra psique, y a compartir una intimidad entre colegas que pocas personas conocen en otras profesiones. Ser actor es nacer y morir mil veces. Como dijo Diana, es la posibilidad de vivir mil vidas, en una sola.
Y la verdad, que el actuar, es mi mayor serendipia, y uno de los mayores placeres de la vida. Nadie imagina cuántas otras cosas sacrificaría por esto.
Agarf Alecnac.

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